martes, 4 de marzo de 2014

  —Adelante, pasa.
No esperaba esta propuesta de modo que me puse algo nervioso, pero ya que la había acompañado hasta la puerta de su casa, no iba a rechazar la invitación, así que entré. Además, la chica estaba bastante bien.
Lo primero que me sorprendió al entrar fue el silencio que reinaba en el ambiente. Pensaba que los colombianos eran más ruidosos. De todas maneras ella no tardó en derrocar este silencio con suma naturalidad.
—No hay nadie en casa —dijo mientras se hacía una cola de caballo en su pelo, el cabello más negro que he visto en mi vida, y eso que apenas he cumplido los dieciocho.
—Casi siempre me la paso sola en casa —agregó, y por fin terminó de recogerse el pelo; entre eso y esto último que dijo ya me estaba poniendo muy nervioso.
Iba a comentarle algo pero se adelantó a mis palabras.
  —Perdona el olor a tabaco, pero es que mi familia fuma mucho.
—Tranquila, en mi casa pasa igual, ya estoy acostumbrado —le contesté.
Me dedicó una sonrisa. Sonríe bien, pero a la media luna de su boca le siguió un suspiro.
—Muchas veces, aunque esté mi familia en casa, me siento sola.
Iba a comentarle que tranquila, que en mi casa pasaba igual, que ya estaba acostumbrado, pero en lugar de eso le di un abrazo.

domingo, 29 de diciembre de 2013

A veces


Me rodeo de fuerzas imposibles y ellas me hacen fuerte.

Desde entonces se me rebelan las olas del mar,

se cela el viento que con su látigo llora mi oído

y yo sonrío a mis pasos que no saben a donde van.


domingo, 22 de diciembre de 2013

Deforme

Te levantas. Te vistes con frío.
Deseas regresar al calor de las mantas
que tú solo calientas.
Bajas las escaleras.
Princesa llora, la hija puta siempre está llorando. La quiero mucho. A su mamá también.
Desayunas un plato de macarrones, un cuenco de puchero o la comida china que sobró de anoche.
Te cepillas.
Te pones los guantes para proteger tus manos. Mierda de sabañones.
Esto no es poesía.
Sales de casa. Hace frío. Corres un poco porque ves que vas a perder el bus.
Lo alcanzas. Subes. Pagas.
Te agrada que haga calor adentro. Miras un par de caras que conoces.
Te sientas con alguien que tenga conversación.  A mí a veces me cuesta.
Si no hablas, escuchas música y te quedas dormido.
Llegas. Bajas. Haces tiempo porque tu primera clase empieza a las nueve. Mierda de clase.
Esto no es poesía.
Sientas el culo en la silla de contrachapado. Apenas atiendes. Al menos se está calentito.
Quiero aprobar...
Si es lunes, martes o jueves, ves a la chica con los ojos bonitos. No creo que se lo diga nunca.
Acaban las clases. Hablas si hay alguien que tenga conversación. Joder cómo me cuesta a veces.
O lees. O escribes.
Vuelves a tomar el autobús. Lo mismo que por la mañana.
Llegas a casa. Comes. Pierdes el tiempo. Estudias un poco.
Sientes que falta algo.
Sabes que falta algo.
Ya es de noche. Odio que anochezca tan temprano.
Te duchas. Cenas. Te acuestas. Duermes.
Y sueñas con que la encuentras.

Rafael Eduardo



martes, 26 de noviembre de 2013



No quiero lamentación.
No llores. Yo no lloro.
Ya verás como el sol
te devuelve el calor
—que te quité de algún modo—.



Rafael Eduardo

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Arder



A veces sueño que sigo abrazada
Que aquel aliento aún me da calor
Que aquella mano aún sigue meciéndome el coño

Paso a través de esas grietas
"vestida para que me empiecen a desnudar"
Sueño despierta sin querer despertar

Hermosas palabras, insustituibles miradas...

Cuando no sé si quiero volar, 
veo aparecer tus alas 
y las agarro en la distancia







Ana Pecado